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Entrevista a Alicia Barberis, autora de "Pozo ciego"

  • 19 ago 2016
  • 7 Min. de lectura

Su extensa trayectoria dentro de la literatura, la distingue tanto como autora para adultos como para generaciones de niños y adolescentes. Escribe, educa y narra, y se presenta bajo diferentes rótulos académicos y profesionales ante alumnos, docentes y padres. Pero hay una constante en las letras de Alicia Barberis: su elección por construir historias con aquello que es mucho más fácil callar que gritar.

Reciéntemente editado por Colihue, "Pozo ciego" -de la escritora santafecina-, es sin dudas un salto al vacío a nuestras emociones. A nuestros miedos y nuestras miserias.

De eso que muchos escapan ella se aferra, generando una historia dura, sin matices, injusta, pero que al mismo tiempo se convierte en redentora.

Desnudándose de prejuicios, Barberis despliega en esta novela -y de manera ficcionada-, la historia real de una mujer, la "Negra Torres", eligiendo contar así, la vida de otras cientos, miles de mujeres perdidas en el anonimato de la violencia de género. A partir de su pasado, de la condena que le pesa por haber matado a su marido en un pequeño pueblo de provincia, es que la autora desanda un camino similar a lo que "la Negra Torres" vivió, eligiendo contar desde esa mirada "culpable" ante la sociedad, lo que se entiende por desigualdad, machismo y desamor.

"Busco hacer un poco justicia literaria", dice Barberis en esta charla con Babilonia, donde cuenta un poco más sobre "Pozo ciego", y también sobre lo que significa para ella, como escritora, hablar sobre lo que -generalmente-, nadie quiere decir una palabra.

- Elegiste para "Pozo ciego" una problemática por demás compleja, que recién en los últimos años está siendo atravesada por la reflexión cultural, social y política, ¿cuáles fueron los desafíos a la hora de narrar sobre femicidio?

- ¿Cuál fue tu objetivo a la hora de tomar en especial el caso de la "Negra Torres"?

- En principio, sólo me propuse contar una historia. Es decir, no me planteé a priori abordar un hecho vinculado a la violencia de género. Eso fue surgiendo después, a medida que fui armando el relato, cuando empecé a construir los perfiles psicológicos de los personajes y a rememorar las características del entorno social donde se desarrollaron los hechos, hace ya muchos años.

Pero claro que en la escritura uno manifiesta también su propia manera de percibir el mundo y, aunque no haya estado organizado previamente desde ese lugar, seguramente en un plano inconsciente, la historia ya estaba escrita en mí desde esa perspectiva, porque a mí también me interesa visibilizar lo que ocurrió y ocurre con las cuestiones de género.

- Al igual que en aquella trama televisiva "Mujeres asesinas", elegís contar desde la óptica de la "culpable", explicando cómo fue primero víctima de una violencia tantas veces callada (y naturalizada) por la sociedad, ¿Hubo prejuicios que vencer a la hora de elegir ponerte en los zapatos de la "Negra Torres"?

- En el proceso de creación, siempre construyo a los personajes dándoles las características que deben tener, de acuerdo al perfil psicológico y a la personalidad que previamente boceto. Es un proceso difícil de explicar, pero podría decir que aprendo a quererlos con sus bondades y defectos, y trato de despojarme absolutamente de todo juicio de valor.

De todos modos, por mi condición de mujer, y habiendo vivido en carne propia las cuestiones sociales de la época, no me costó demasiado ponerme en los zapatos de la Negra para saber, o intuir muchas cosas de las que le pasaron.

En aquel entonces, en un pequeño pueblo de provincia, los mandatos sociales eran muy fuertes y estaba tácitamente establecido, que los privilegios, placeres y elecciones eran para los hombres, y el sometimiento, las postergaciones y el silencio, para las mujeres. Y quien los desobedecía o se apartaba de esa rígida “norma”, recibía una fuerte condena social.

Por ende, las mujeres debíamos “soportarle” todo al marido, y eso incluía maltrato, humillaciones, indiferencia, engaños, abandono. Lamentablemente, en muchos lugares esto no ha cambiado demasiado.

Al recordar los hechos en torno al crimen, fui también trayendo a la luz otros recuerdos: el sometimiento propio, el machismo naturalizado de los hombres, pero también el que teníamos muchas mujeres, y la resignación a soportar lo que nos tocara en suerte.

Al tirar del hilito de los recuerdos, vi con claridad algo que debo haber percibido desde que era muy nena, al menos lo tengo así en mis recuerdos de infancia y juventud: la doble moral de muchos hombres, que usaban a las mujeres y luego las enjuiciaban y las difamaban. Cuando sucedieron los hechos que me movilizaron para escribir esta novela, estaba embarazada de mi primer hijo y, me impactó mucho que sus hijos no quisieran perdonarla y que ella no haya podido verlos más. Siempre intuí que los familiares que se hicieron cargo del cuidado de los chicos, directa o indirectamente, habían influido en esa cuestión, y así lo trasladé a la trama. Y esto también formaba parte de ese entramado social que tanto me inquietaba, y que tanto enojo me producía.

- ¿Creés que los lectores deberán hacer un trabajo similar para (des)prejuiciarse sobre el entorno que viven las víctimas de violencia de género?

- Me atrevería a decir que los lectores de la realidad, además del los lectores de ficción, serían quienes tendrían que des-prejuiciarse sobre el entorno que viven las víctimas de violencia y sobre otro tipo de víctimas, además.

Muchas personas se apuran en juzgar a los que sufren cualquier tipo de violencia, y no me refiero sólo a la de género, sino también a quiénes están desprotegidos, vulnerados, excluidos. Y de esa manera los estigmatizan, sin considerar que el entorno siempre tiene un peso decisivo en las acciones de todos.

- Búsqueda de identidad por parte de hijos de desaparecidos, violencia doméstica, abuso sexual, femicidio, como una constante, las temáticas de tus libros cruzan difíciles realidades que viven muchísimas personas, ¿cuál creés que es el fin último de tu escritura?

- Siempre me movilizó escribir sobre temáticas que me inquietaban a mí en lo personal. Me había ocurrido, y esto lo cuento en el prólogo de Cruzar la noche, que cuando leí la novela Holocausto, pude ponerme en la piel de los personajes y sentir muy fuerte y en carne propia, lo que había ocurrido en la Alemania nazi; mucho más que cuando lo estudié en la escuela secundaria, ya que ahí eran cifras, datos, no personas demasiado cercanas, como ocurrió luego con la literatura, que fue cuando el tema logró atravesarme, y provocarme una conmoción mucho más profunda. Seguramente busco dar mi mirada sobre determinadas temáticas, hacer también un poco de justicia literaria, despertar empatía o generar consciencia sobre algunos hechos.

Como lectora me gusta entretenerme, asustarme, divertirme, pasar un buen momento, etc… pero si lo que leo me emociona, me atraviesa, seguramente después de esa lectura no seré la misma. Creo que de esto se trata.

- ¿Cómo es escribir sobre aquello de lo que cuesta tanto hablar y visibilizar?

- No resulta fácil. Es doloroso. Pero siempre sentí que poner en palabras temas duros, difíciles, ayuda a sanar dolores y heridas. Los propios, los vividos, y también puede ayudar a otros.

Me han ocurrido muchas cosas al respecto. Entre otras, por ejemplo, que se acercara un hombre que había leído El infierno de los vivos, y sin poder contener el llanto, me dijera que quería agradecerme, porque después de la lectura pudo contar por primera

vez lo que había ocurrido con su padre, que abusaba de su hermana; él lo sabía, pero nunca pudo hablarlo. Fue muy fuerte ver a ese hombre llorar sin pudor, diciéndome esto.

- Sos especialista y reconocida escritora de literatura infanto-juvenill, ¿qué análisis hacés sobre esto tantas veces escuchado de que los niños y jóvenes leen cada vez menos? ¿Es real o sólo se trasladó el hábito de lectura a otras plataformas?

- No podría generalizar sobre lo que ocurre en todos los ámbitos. En los que me muevo, que generalmente son escuelas a las que voy a dar charlas sobre mis obras, o a hacer un espectáculo de narración y lectura, me encuentro con lectoras y lectores ávidos (niñas, niños o jóvenes), que me hacen preguntas interesantes, que se ven muy motivados, que quieren que haga la segunda parte de una novela porque les gustó mucho… o bien que me tiran ideas para que invente otras historias. Cuando narro o leo en voz alta, puedo percibir el interés, la emoción, la escucha atenta. Pero en estos lugares, siempre percibo un trabajo previo, apasionado, de docentes, bibliotecarios, o padres también, en algunos casos.

No puedo asegurar que en todos los sitios ocurra lo mismo. Y, ante la preocupación que tienen muchos adultos cuando se refieren a que los chicos o jóvenes leen poco, diría que es necesario reflexionar sobre dos cuestiones importantes: la necesidad de que los responsables de la formación de chicos y jóvenes sean lectores apasionados, para contagiar el deseo de leer, y también, que quieran y decidan acompañarlos.

Seguramente en muchos casos, se puede acceder solo a la lectura, por curiosidad, por placer o deseo. Pero leer no es fácil, es una tarea compleja. A eso hay que sumarle que el mundo de hoy ofrece muchas alternativas virtuales, tecnológicas, lúdicas, y que el tiempo está retaceado, que hay demasiada prisa, que hay pocos espacios familiares para la escucha y el diálogo, para la lectura compartida, etc. Creo que es vital que la literatura esté presente, por muchísimas y sabidas razones, y para esto, el rol de los adultos siempre será muy importante.

- Asimismo, fuiste construyendo el proyecto LECTOBUS, buscando acercar la literatura a diferentes sectores y generaciones, ¿cuál fue la respuesta ante esta iniciativa?

- Lectobus siempre es bien recibido. Pero de cualquier manera, a veces sentimos que es apenas un granito de arena… que hacen falta muchísimas bibliotecas y bibliobuses.

¡Eso lo sentimos todo el tiempo! Que apenas somos una gota en un mar inmenso, y que remamos en contra de tantas corrientes huracanadas. Pero elegimos y elegiremos eso: contribuir con un minúsculo granito de arena, que sumado a otros, hacen una inmensa playa.

La respuesta siempre es bien recibida, pero nunca suficiente, claro. Estas políticas deberían estar organizadas desde el estado, desde cada comunidad, ciudad, etc. De todos modos, hay muchas más gente de lo que se publicita, haciendo un intenso y silencioso trabajo en torno a la promoción de la lectura. Invitamos a todos quienes quieren conocer el proyecto a subir a bordo: www.lectobus.com.ar


 
 
 

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