Comentario: "No aceptes caramelos de extraños" de Andrea Jeftanovic
- 6 oct 2016
- 3 Min. de lectura
Reeditado en Argentina por el sello local Portaculturas, la escritura de la autora es un placentero hallazgo que se inscribe con pulso en la referencia de lo que acontece en la literatura chilena.

La reciente Feria del Libro Córdoba tuvo como invitado especial a nuestro país hermano Chile. Y en ese marco se presentó el libro “No aceptes caramelos de extraños” de Andrea Jeftanovic.
Con Chile compartirnos la columna en la frontera. Chile de tantos, Chile de Neruda y de Mistral, de Donoso y de Bombal, de Parra y Lemebel.
Los lectores saben de lo que hablo. Los que habitamos el libro, los libros optamos por las páginas que nos atraviesan y atravesamos. En tal sentido fui al encuentro de la voz y la escritura de Andrea Jeftanovic, un placentero hallazgo que se inscribe con pulso en la referencia de lo que acontece en la literatura chilena.
Hace dos años tuve el honor de compartir con ella una charla en el Festival Internacional de Literatura Córdoba que dedicó su edición a la memoria, y la consigna de nuestra actividad fue Escribir para viajar a lugares incómodos.
Desde entonces leer a Jeftanovic es parecido a recibir todos los disparos con los ojos bien abiertos y el cuerpo puesto a disposición de las palabras. O caminar desnuda a contramano en medio de una avenida donde los automóviles vienen a toda velocidad.
“No aceptes caramelos de extraños” era el libro, su libro, que nos reunía por primera vez. Ese que llegó desde Chile y me fue dado, ese que quedó en el lugar de privilegio donde uno es recurrente en su propia biblioteca.
Andrea dijo: “El arte es un espacio interesante para la experimentación moral”.
Esta autora se instala en la escritura con nombre propio generando una tensión en la cornisa. Ella escribe con todas las letras, aun molestas. En “No aceptes caramelos de extraños” aborda la densa zona humanizada por todos los vínculos posibles e imposibles de nombrar. Puertas adentro de la sociedad y la familia acontecen historias para leer en voz baja. De lo contrario estaríamos sentenciados.
La desclasificación del sentir y del pensar, sumada a la acción concreta con identidad de los personajes no dan tregua. Allí está todo cuanto sucede. La violencia de género, los estigmas familiares, el desamor, el abuso. La autora planta con maestría el corpus de sus relatos, en tanto que el cuerpo humano está expuesto en cada uno de ellos.
El deseo no se plantea desde la acción morbosa de los personajes, sino desde una peligrosa y angustiante soledad. Esta escritura camina por el borde sinuoso entre lo normal hacia afuera y lo anormal hacia adentro. ¿Quién puede decir que lo que acontece en el libro no sucede en la sociedad? Sobre todo si esa sociedad ha sido reprimida por años y décadas.
La moralidad para Andrea Jeftanovic es un laboratorio de la experiencia humana. Su libro cruzado por la sexualidad y la sensualidad, con relatos donde los lazos se tornan ambiguos, por momentos desesperados, se inscribe como una obra estética que deja al descubierto la ética de la escritora, promesa presente y futura en la literatura chilena.
Cuando leí “No aceptes caramelos de extraños” decidí hacer una devolución utilizando los señuelos que la autora me dejaba. Supe que se quedaba de este lado, en este costado de "primogénita/o" por navegar con medio cuerpo en la "necesidad de ser hijo/a" con "desazón y anonimato". Sobre ello escribí: “En la playa no estaré en los titulares y acepto caramelos. Soy miope, incluso cuando se apagan las estrellas”.






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