top of page

Comentario de “Las noches de Flores”, de César Aira

  • 6 abr 2017
  • 3 Min. de lectura

Después de inaugurar el año pasado la biblioteca César Aira, el sello Random House ha reeditado del escritor de Coronel Pringles entre otros títulos esta novela, publicada previamente en el 2002, que guarda en su interior dos relatos que se cruzan a mitad camino.

Ubicada en el barrio porteño de Flores, la historia se centra en la pareja de Aldo y Rosita, un matrimonio entrado en años, que dadas las circunstancias de crisis económica argentina a comienzos del siglo XXI, se convierten en repartidores de pizzas nocturnos para acrecentar sus ingresos. Por supuesto que en pareja la motocicleta no resulta el móvil más acertado para hacerlo, por lo que estos originales jubilados serán entonces transeúntes delivery. Algo así como baqueanos del nuevo milenio, que conocedores como pocos del barrio, llevan agarrados del piolín producciones en serie de recetas italianas.

La idea, de por sí original, no termina allí, por supuesto, ya que si sabemos que quien está detrás de la narrativa es César Aira, lo inicial se convertirá luego en otra cosa, llevándonos a otro terreno.

Aldo y Rosita son entonces al comienzo de esta novela tan sólo dos jubilados que caminan llevando los pedidos de Pizza Show, pero es este intenso ir y venir, donde empiezan a vincularse con jóvenes que a fuerza de tener dinero propio aceptan la changa igual que ellos. Así conocerán cómo se mueven las nuevas generaciones, sus códigos internos, y poco a poco se interesarán por los conflictos sociales que abundan en tiempos de crisis y cruzan también la existencia de estos muchachos, como violencia callejera, secuestros y sus posteriores pedidos extorsivos.

Personajes de los más insólitos comienzan a poblar la rutina de Aldo y Rosita, y también las páginas del libro, incluyendo un extraño ser de baja estatura que se trepa por los árboles e intercepta a la pareja preguntándole sobre los demás repartidores y lo que piensan sobre el caso de Jonathan –de quien hablan todos los medios-, adolescente secuestrado que finalmente fue asesinado por los malhechores.

De a poco, ese ente abstracto que parece al principio el caso Jonathan, comienza a acaparar la historia, a hacerse cada vez más palpable entre los personajes, convirtiendo el relato dramático en policial. Además, un escenario inusual como lo es un instituto administrado por una orden religiosa, empieza a adueñarse del relato, presentándonos hermanas que no encajan con las descripciones típicas de las sores, pidiendo pizza, pasada la medianoche.

Pero aún hay mucho más, porque como Aira es Aira, esto es sólo uno de los dobleces de su prosa.

A mitad camino, el abanico de la historia se despliega aún más, y el ángulo se abre hacia las otras caras de la situación, centrando la atención ahora en otros tres personajes: el fiscal Mamaní Mamaní, a cargo de la investigación del caso Jonathan, el hijo del letrado que protagoniza un accidente la misma noche que matan al adolescente y un escritor boliviano que anda de visita por su casa.

El relato ¿urbano y costumbrista? se presenta entonces como un thriller donde no ya sólo los personajes de ficción sino el sistema policial, judicial, el poder político, la locura y la miseria humana los cque se entrecruzan en el laberinto del azar. Y todo lo leído anteriormente, que por momentos nos llevaba a un callejón sin salida, se convierten en claves para entender lo que sucede.

César Aira es considerado actualmente como uno de los grandes escritores ocultos en Argentina. Ocultos no por la crítica ni por las editoriales, sino por medios masivos y ranking de más vendidos, que en el vertiginoso vaivén de información, no ¿pueden? detenerse en alguien que no parece responderles. De hecho, rara vez Aira otorga una entrevista. Especialistas en su lectura aseguran que hay un método Aira, una forma de escribir que fragmenta el tiempo, como una obra de teatro que se va creando a medida que sucede, y que abrió en la narrativa argentina otra forma de literatura. Él no lo considera tan así, aunque tampoco lo desconoce.

Durante más de dos años Aira no publicó ninguna novela porque según dijo se cansó que lo tilden de escritor “prolífero” por sus más de 80 historias editadas.

“Las noches de Flores”, por lo tanto, es una de las tantas que hay para elegir en el universo del narrador, como “El Santo”, su último libro, “El cerebro musical”, “Un episodio en la vida del pintor viajero” o “Emma, la cautiva”, considerado clásico.

Y como a César Aira no le gustan los comentarios y las reseñas de sus libros, optamos por no hablar más de este relato y simplemente invitarlo a que lo conozcan, para que quienes ya leían a Aira refresquen su memoria, y quienes no, descubran a un gran escritor argentino, dueño de un universo fantástico alucinante.


Comentarios


bottom of page